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Educa las emociones de tu hijo y él será un buen alumno

Los sentimientos positivos, como la serenidad, el sosiego y la satisfacción, ayudan a los estudiantes en el proceso de aprendizaje, pero solo un 5% de las escuelas españolas desarrolla un programa de educación emocional. Con la ayuda de expertos en ese tema, te damos diez consejos útiles para que colegios y padres construyan juntos un ambiente escolar favorable a la formación de estudiantes emocionalmente estables

Alexander Graham Bell se desilusionó porque no consiguió crear un aparato para que su esposa, sorda, pudiera escuchar. Pero su fracaso lo llevó a estudiar más y en 1876 patentó el teléfono. El italiano Enrico Caruso tuvo un maestro que le dijo que él nunca sería un cantante. Sin embargo, su madre siempre le decía que él era lo mejor. En 1921, cuando murió, Caruso era el tenor más conocido del mundo y sigue siendo un ídolo de la música clásica.

La desilusión y la desmotivación pudieran haber impedido Graham Bell y Caruso de alcanzar sus objetivos, pero ellos tenían un incentivo. Por otro lado, muchos niños que están en la escuela no consiguen avanzar a causa del estrés, de la poca autoestima y del desaliento. La razón es que se les niega una educación emocional, dirían los expertos en esta rama poco conocida de la pedagogía pero tan importante cómo las demás.

“Si un alumno aprende a identificar estos estados de ánimo y aprende a cambiarlos, estará facilitando su aprendizaje”, afirma Antonio Vallés Arándiga, autor de profesor del Departamento de Psicología de la Salud de la Universidad de Alicante.

Pero, ¿cómo los estados de ánimo influencian el rendimiento de un estudiante en la práctica? “Por ejemplo, para resolver una actividad de Matemáticas o estudiar un tema para un examen es necesario disponer de estado de ánimo positivo como la serenidad, el sosiego, la tranquilidad, la ilusión, la satisfacción…. Emociones secundarias negativas como la indignación, el desasosiego, la irritación, el temor y la ansiedad no favorecen el aprendizaje”, explica Vallés.

Todavía son raros los colegios que invierten en la formación de profesores capacitados para manejar los sentimientos de sus alumnos. “No hay datos objetivos sobre la implantación de programas de educación emocional en los centros educativos españoles. Por sondeos que hemos realizado, suponemos que no supera el 5% del alumnado”, reconoce Rafael Bizquerra, catedrático de la Universidad de Barcelona experto en educación emocional.

De acuerdo con Bisquerra, los colegios e institutos que desean manejar las emociones de sus alumnos de una manera positiva deben hacerlo a través de un método riguroso, con la aplicación de tests, grupos de discusión, entrevistas y análisis de rendimiento académico y de conflictos en el ambiente educativo. “Pero siempre recogiendo la información de diversos observadores, sean profesores, padres o alumnos.” Es lo que se llama “la evaluación 360 grados”.

demás, la educación emocional no sirve solamente para sacar buenas notas. “Los efectos son unas mejores relaciones interpersonales, una disminución de la conflictividad y una predisposición a la solución positiva de conflictos en la vida”, añade Bisquerra.

Pero, ¿cómo los padres pueden saber si ellos mismos y los profesores de sus hijos están preparados para lidiar con sus emociones? Antonio Vallés facilita a lainformacion.com una lista de diez características que son esenciales tanto para padres como para docentes:

1. Percibir las necesidades, motivaciones, intereses y objetivos de los alumnos.

2. Ayudar a los alumnos a establecerse objetivos personales.

3. Favorecer los procesos de toma de decisiones y de responsabilidad personal.

4. Establecer un clima emocional positivo, ofreciendo apoyo personal y social para aumentar la autoconfianza de los alumnos.

5. Tener capacidad de escucha y transmisión de confianza.

6. Ser interesado, comprometido, tolerante, equilibrado, tranquilo, feliz, alegre, coherente, próximo, dinámico, sereno, armonioso, optimista.

7. Tener estabilidad emocional, autocontrol y sentido del humor.

8. Tener más sensibilidad y receptividad ante el tema de la educación emocional.

9. Mantener una actitud positiva y abierta, además de desarrollar la capacidad de autoevaluarse emocionalmente para alcanzar su autoconocimiento personal.

10. Saber cómo tratar cada una de las diferentes situaciones (con componente emocional) que se producen en el aula y en casa.

Autor: laInformacion.com

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